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La ilustración científica: Arte con-ciencia

¡Pasa la voz!

Entre múltiples textos y volúmenes de una librería, un libro, cuya portada mostraba vívidas ilustraciones de cactus, flores y algas marinas, captó mi atención inmediatamente. Las ilustraciones representaban con precisión las características de aquellas plantas, plasmando en papel esos detalles sutiles que las vuelven tan distintas unas de las otras. Esto me hizo recordar a las tantas ilustraciones llamativas que me han ayudado a comprender, a lo largo de mi vida, ideas y conceptos, como el interior de una célula o el sistema solar. Pero más allá de apreciarlas por su valor artístico, estas ilustraciones ofrecen una visión única y fundamental para comunicar la ciencia, y de ahí su nombre: ilustraciones científicas.

La ilustración científica es tan vieja como la ciencia misma, y le ha ayudado tanto a científicos como a la sociedad a entender el mundo. Todas las disciplinas científicas, desde la astronomía hasta la física de partículas, han recurrido a la ilustración para representar visualmente lo que investigan. En medicina, por ejemplo, las ilustraciones de músculos, huesos y órganos han facilitado la comprensión de la anatomía humana sin la necesidad de abrir un cuerpo. Eso sin mencionar que, para muchos de nosotros, una ilustración puede resultar mucho más agradable que ver un pulmón real. En biología, la ilustración científica ha permitido visualizar lo invisible al ojo humano, como la molécula de ADN, cuya representación revolucionó el entendimiento de la genética y trascendió al ámbito social para convertirse en uno los íconos científicos más reconocidos.

Sin embargo, estas ilustraciones no son sólo imágenes. Detrás de cada buena ilustración científica se esconden procesos complejos que involucran conocimientos científicos rigurosos y el dominio de técnicas artísticas y estéticas. Aldi de Oyarzabal, ilustrador científico de la Facultad de Ciencias de la UNAM, reconoce el gran valor que tienen estas representaciones visuales. “[La ilustración científica] es una profesión como tal. No es ni más ni menos importante que ninguna otra –menciona Aldi–. Es un proceso artístico, por mucho que sea para la ciencia, porque lo que nadie puede negar es que se dibuja con sentimiento”.

Si bien la ilustración científica es una expresión artística, ¿qué es lo que la separa del arte? Para Aldi, la respuesta es clara. “Son tres características que tienen que intervenir para que la ilustración se considere como científica: que haya un ilustrador, un científico detrás de él y un punto en común para ver la ciencia”. Ciertamente, la presencia de un ilustrador es fundamental, pero no puede haber ilustración científica si el artista desconoce el discurso científico. La Ilustración científica busca retratar con precisión un tema, manteniendo una fidelidad absoluta al modelo real. Esto no significa que la ilustración tenga que ser realista, sino correcta. “Lo correcto es que tú reconozcas al animal o a la planta inmediatamente, en su postura o en su gesto”, menciona Aldi. Es por ello que muchos ilustradores trabajan de la mano con científicos, pues el discurso científico es lo que va a delimitar que, por ejemplo, el artista no represente de manera errónea los colores de un ave por parecerle éstos más atractivos que otros. Además, estas ilustraciones van acompañadas de un breve texto. Si se está representando a un colibrí, entonces el texto incluirá información relevante sobre éste, como su nombre científico, origen, peso y tamaño.

Si bien, el objetivo principal de la ilustración científica es comunicar, Aldi cada vez le encuentra más atributos. Entre ellos, identifica cuatro: Extender la información, aclarar conceptos, atraer la atención y entretener. Como bien dicen, una imagen vale más que mil palabras. Es por ello que el uso de imágenes es una de las mejores maneras de hacer accesible la ciencia, ya que con ella puedes llegar a un mayor número de personas. Sin una imagen nos llevaría mucho tiempo describir cómo es un gorrión o una libélula, y es probable que a quien se lo estemos describiendo no le quede del todo claro. Para Aldi, lo más difícil es llamar la atención. “Estás compitiendo con un montón de bombardeo de propaganda. Tienes que hacer una imagen que sacuda [a la gente], que genere un wow –dice Aldi–. Si tiene eso tu imagen, entonces aparte entretiene, y se vuelve una referencia visual cultural para tu población”.
 

Ilustración: “Leona y ñus”. Aldi de Oyarzabal, 2016

Uno pensaría que la fotografía puede reemplazar a la ilustración científica, puesto que representa de manera más real aquello que se quiere comunicar, ¿cierto? Aunque muchos ilustradores científicos se apoyan de la fotografía para hacer sus trabajos, hay ocasiones en donde la cámara no es un buen sustituto del lápiz o del pincel. Primero que nada, hay que tomar en cuenta que el propósito de la ilustración científica no es capturar un momento, sino una idea. “Dibujas lo que sabes, no lo que ves”, afirma Aldi. Supongamos que tenemos frente a nosotros la fotografía de un oso polar merodeando sobre el hielo. Sabemos que el fotógrafo estuvo ahí para capturar esa escena y ese ejemplar en particular. En cambio, una ilustración no busca representar ese momento, sino construir una imagen que resalte aquellos detalles característicos del oso para que nos sea más fácil identificarlo.

Además, la ilustración permite representar una planta o un animal en posturas poco naturales sin destruirlo o lastimarlo. Los observadores de aves, por ejemplo, prefieren utilizar ilustraciones para identificar especies, ya que con la fotografía se corre el riesgo de que las condiciones de iluminación o la postura del ave pueda ocultar características cruciales para su reconocimiento. Por otro lado, te permite observar lo inobservable, como el interior del tronco de un árbol, o conceptos complejos como el ciclo hidrológico o la evolución. Incluso, la ilustración puede recrear ambientes prehistóricos, mostrándonos cómo pudieron haber sido los dinosaurios.

En Latinoamérica contamos con el escenario perfecto para ilustrar a la naturaleza gracias a la gran biodiversidad que hay. La ilustración científica abre una ventana para llamar la atención de la gente, generar un interés y ver a la naturaleza con otros ojos. Incluso, nos ayuda a apreciar detalles que nos podrían parecer insignificantes y hasta desagradables. “Para mí, lo padre es ilustrar algo que a la gente no le guste, o [en lo que] no se fije –dice Aldi–. Tú pregúntale a cualquiera qué opinión le merece una cucaracha, una mosca o un gusano, y velo al microscopio. Lo ves sin ese prejuicio y vas a ver qué cosa tan hermosa, qué máquina tan bien diseñada […] Todo tiene un chiste, y verlos amplificados [en una ilustración] también es un deleite”. 

La ilustración científica ha representado incontables temas, haciendo accesible esta información y acercándonos al mundo natural. Aún así, estas representaciones visuales han sido, en muchas ocasiones, poco valoradas. Intenta recordar aquellas ilustraciones que te ayudaron a entender una idea, o aquellas que robaron tu atención y te enseñaron algo que no conocías. Verás que nos encontramos rodeadas por ellas, sólo hay que prestar atención: desde la representación de un átomo, hasta animales submarinos, volcanes haciendo erupción, la estructura del cerebro o la metamorfosis de una mariposa. La próxima vez que te encuentres frente a una, recuerda el proceso, el esfuerzo y los retos que la realización de ésta implica, y reflexiona, ¿qué cosas no habrías entendido sin una ilustración científica?

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