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Guía de Acción para un Ciudadano Ambientalista

¡Pasa la voz!

Imagen de portada: En 2014, miles de personas marchan en la ciudad de Nueva York en la “People’s Climate March”, exigiendo a líderes internacionales tomar acciones urgentes en contra del Cambio Climático. 

Foto: Annette Bernhardt

El cambio climático se ha insertado profundamente en el debate público internacional. Se habla de éste como una amenaza latente para la civilización humana. El último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), publicado el pasado 8 de octubre, refuerza esta trágica historia pintando una vez más un escenario de terror. De acuerdo a este comité internacional de científicos, el cambio climático es real, es antropogénico, y advierte que nos quedan alrededor de 12 años para tomar acciones herculianas si queremos mantener la temperatura del planeta por debajo de 1.5 ºC (un escenario utópico a estas alturas). —Si te preguntas qué es el IPCC y qué saben ellos sobre el clima, aquí te dejamos un artículo de grist media con los detalles. Finalmente podrás contestar aquella pregunta ancestral: ¿Cómo se acabará el mundo? Resulta que el IPCC tiene la respuesta (no te preocupes, nosotros en Entrópica no dejaremos que ésto suceda…bueno, tal vez preocúpate un poco).

Bajo un escenario así de abrumador y también en ocasiones, un tanto abstracto, uno podría decir  —Lo entiendo, pero en realidad ya hago muchas cosas por el ambiente: No uso popote, intento reducir mis traslados en coche, no desperdicio el agua, procuro no generar basura, hago composta y hasta cambié mi dieta ¿Me estás diciendo que a pesar de todo el esfuerzo, el mundo sigue en una trayectoria definitiva para arder como uno de esos toros de la feria de Tultepec? —Pueees…tal vez. Podría ser. Lo que es cierto es que se necesita hacer más de lo que actualmente se está haciendo. Ya hay mucha gente metiendo cartas en el asunto y cada vez se suman más. Personas alrededor del mundo se dedican a pensar en estrategias y soluciones para sacarnos de este gran problema. Hoy hablaremos de una de éstas. 

Transitar de acciones individuales a acciones colectivas.

Durante la década de los 60s y 70s empezó a ser evidente, por primera vez, el alcance planetario de los impactos humanos sobre la naturaleza. El mundo entero volvió su mirada hacia el ambiente. Fue en este contexto que nació la frase “Piensa globalmente, actúa localmente”, y pronto alcanzó reconocimiento internacional. Por años, ambientalistas y ciudadanos de a pie han recurrido a este eslogan como una guía de acción.

La razón por la que esta frase es tan efectiva es que ayuda a combatir la parálisis que se da cuando uno se enfrenta ante la inmensidad del cambio climático. Reconoce que el individuo es parte de un conjunto más grande (el planeta), y que por más pequeño que sea en comparación, sus acciones tienen repercusiones en las demás partes del sistema. Es una frase que urge a la acción. Sin embargo, la mayoría de las veces ésta ha sido interpretada como un llamado a actuar a nivel individual (principalmente cambiando hábitos de consumo) dejando de un lado la posibilidad de actuar al nivel de la comunidad, de manera colectiva. Qué tal si en vez de ahorrar agua en casa, pudiésemos hacerlo en toda la comunidad, a través del manejo integral de cuencas y programas municipales de concientización sobre el uso adecuado de este recurso; o imagina que en vez de hacer ronda con tus amigos para no usar el coche, existiera un transporte público suficientemente accesible en el que todos los habitantes de la colonia pudieran trasladarse a su trabajo de manera eficiente y segura. 

Los beneficios podrían ser enormes. Se nos abre la puerta a un gran potencial de cambio que no sería posible lograr a través de acciones individuales. Y esto es importante. Hay que entender que varias de las problemáticas actuales que afectan al ambiente solamente podrán ser resueltas a través de la acción colectiva. La severidad del cambio climático nos urge a voltear a nuestro alrededor y poner manos a la obra.   

Como parte de un taller en el Congreso Internacional de Transporte Sustentable en la Ciudad de México, un grupo de participantes juegan a diseñar y construir una ciudad con miniaturas. Foto: Benoit Colin/EMBARQ. https://goo.gl/DXqPBi

Este tipo de esfuerzos requieren de organización e involucramiento en los procesos de toma de decisiones, en pocas palabras: hacer política. Al leer esto, puede ser que te den ganas de cerrar la ventana de tu navegador y continuar con el resto de tu día. —Si estás experimentando estos síntomas ¡Detente! Danos el beneficio de la duda.—

Actuar localmente: La ciudad como una arena de aprendizaje político.

Para muchos, la política arrastra consigo una connotación negativa. Este es el gran problema. Al darnos cuenta de que nuestra voz no es escuchada por los tomadores de decisiones, brotan el resentimiento y el desinterés. Y con debida razón. Parte del problema es que la mayoría de los ciudadanos somos analfabetas en el uso del poder. Por lo general nuestra vida democrática empieza y termina en la boleta de elecciones. Éste es prácticamente el único instrumento de acción política que utilizamos. 

De esta manera, abandonamos el escenario político, dejando la puerta abierta para un pequeño grupo de personas que ejerce el poder y se beneficia de nuestra inactividad, creando un círculo vicioso difícil de escapar en el que reinan la apatía social y la voluntad política de unos pocos. La pregunta entonces es: si queremos cambiar las cosas para combatir el cambio climático ¿Cómo podemos incentivar la participación de la gente? 

Para Eric Liu, un politólogo estadounidense y maestro de civismo, la respuesta se encuentra en el fomento de la participación local. Él propone utilizar la ciudad como una arena de aprendizaje político para los ciudadanos. Enfocar nuestros esfuerzos de esta manera (en un área más pequeña), incrementa las posibilidades de incidencia en la toma de decisiones. Necesitamos entender cómo fluye el poder dentro de la ciudad, quién lo tiene, cómo se acumula y por qué. Una parte de la respuesta la encontramos en el diseño y el funcionamiento de nuestras instituciones democráticas. Investigando quiénes son nuestros representantes municipales, cuáles son son sus facultades, cuál es la legislación que aplica en nuestro municipio y de qué manera se puede cambiar. Pero igual de importante es entender, por ejemplo, de qué manera una idea se puede convertir en un movimiento, o cómo una amistad puede convertirse en una ventaja política. 

Estas preguntas suenan amenazantes. Buscar activamente y hacer uso del poder puede sentirse inherentemente maquiavélico, como algo salido de un episodio de Juego de Tronos. Sin embargo, es importante recordar que el poder en sí mismo es moralmente neutro. Éste es tan bueno o malo como lo es cualquier otra herramienta. Un cuchillo es utilizado por algunos como un utensilio de cocina y por otros como un arma. De la misma manera el poder puede ser utilizado para atender las necesidades de una comunidad entera o solamente para satisfacer los intereses privados de unos pocos. 

Activistas se manifiestan a las afueras del Ayuntamiento en la ciudad de Nueva York para demandar la promulgación de la ley de edificios verdes. Liderando el movimiento, el representante municipal Costa Constantinides, presidente de la comisión de protección ambiental, es el principal promotor de esta ley dentro del consejo de la ciudad. Foto: Rory Christian, https://goo.gl/NZJRgt

 Piensa en un problema concreto que exista en tu ciudad. Puede ser algo pequeño, como decidir dónde colocar un bote de basura o un poste de luz, o algo mediano, como decidir si instalar o no un sistema de captación de lluvias en alguna parte de la ciudad; o quizás algo más grande, como decidir si se debería elevar la tarifa del agua para pagar por la construcción de un nuevo sistema del alcantarillado. Piensa un un cambio que te gustaría ver en tu ciudad, y luego pregúntate cómo podrías hacerlo realidad. Haz un mapeo de todas las formas de poder que están en juego: el dinero, las personas, las ideas, la información, la desinformación, el uso de la fuerza, las leyes. Todas estas juegan un papel importante. ¿Cómo podrías activar estas formas de poder? ¿Cómo podrías neutralizarlas? Este tipo de preguntas ocurren en escenarios políticos locales en todos los rincones del planeta.

En Nueva York, por ejemplo, grupos de activistas ambientales y actores de la industria de la construcción han trabajado por meses junto con representantes municipales, para redactar una propuesta de ley que regule la eficiencia en el uso de energía de los edificios. Alrededor del 70% de la huella de carbono de la ciudad proviene de estas grandes construcciones. Al día de hoy, siguen luchando para que esta ley se apruebe en el concejo municipal.

    En 2013, en la ciudad de Bali, dos hermanas empezaron una campaña de recolección de firmas para prohibir el uso de bolsas de plástico en su isla. Tras un viaje familiar a la India donde visitaron la casa de Mahatma Gandhi, decidieron empezar una huelga de hambre supervisada por una nutrióloga, debido a su corta edad (12 y 14 años). Al cabo de 24 horas el gobernador las recibió en su casa donde se comprometió a eliminar el uso de este plástico en Bali para el 2018.

    Y así como en estos ejemplos, muchas otras ciudades alrededor del mundo están tomando iniciativa en el combate contra el cambio climático. Contagiándose unas a otras con soluciones innovadoras y con la creatividad cívica de los movimientos ciudadanos que les dieron vida. Podemos ver, por ejemplo, la rapidéz con la que se han extendido las estrategias para hacer a las ciudades más seguras para los ciclistas. Desde Copenhague hasta Nueva York, la Ciudad de México, Sevilla y Seattle. Todos estos son ejemplos de personas poniendo en práctica sus habilidades para utilizar el poder dentro de su comunidad. Cada localidad tendrá sus particularidades, y por lo tanto las estrategias y acciones variarán significativamente de un lugar a otro. 

De la misma manera, las problemáticas ambientales de tu ciudad podrán ser muy particulares. La clave es entender cuáles son aquellas que contribuyen en mayor medida al cambio climático y, a partir de este diagnóstico, generar una agenda ambiental que será la guía para las acciones por venir. 

Si hacemos caso a lo que nos sugiere la frase “Piensa localmente, actúa localmente”, y a partir de ahora todos empezamos a flexionar nuestro músculo cívico, tal vez, de manera local, ciudad por ciudad, podríamos ayudar a resolver este gran problema ambiental que se avecina.

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