Los Ecosistemas Mexicanos

Con el paso del tiempo es más común que, como mexicanos, tengamos una “conciencia ambiental”, y que valoremos cada vez más nuestro entorno natural. Pero ¿alguna vez te has preguntado cómo es esa naturaleza mexicana, más allá de lo que has observado por ti mismo?

Seguramente has escuchado que México es un país megadiverso, pero ¿qué significa esto? Bien simple: que México posee, junto con otros 12 países, alrededor del 70% del número de especies presentes en todo el mundo. México, además, se encuentra en el cuarto lugar en general, pero posee el segundo lugar en número de especies de reptiles (sólo Australia tiene más especies), el cuarto en mamíferos y el quinto en especies de anfibios y de plantas.

Si te pidieran que imagines tu paisaje mexicano favorito, a lo mejor te imaginas un cañón con algunos arbustos y cactus a sus orillas, o tal vez te imaginas una selva húmeda con árboles verdes y tan altos que apenas dejan entrar la luz del sol, con flores e insectos de colores exuberantes, o puede que te imagines volcanes nevados, que en sus faldas son acompañados por fríos bosques de pinos, cedros y otros árboles. Esto sucede porque además de ser rico en especies, México también tiene una gran diversidad de ecosistemas.

Los ecosistemas mexicanos terrestres se pueden clasificar en muchos tipos, pero para hacerlo de una forma sencilla, vamos a clasificarlos y localizarlos de la siguiente manera:

Bosques templados: Representan aproximadamente el 16% del territorio nacional y, como su nombre lo indica, éstos son bosques que se localizan en climas templados y fríos, generalmente en zonas montañosas, dándole vida a las serranías de nuestro país. En las partes altas se pueden encontrar pinos, cedros y oyameles, cuando la altitud disminuye, los pinos se mezclan con especies de encinos, y en zonas templadas más bajas hay bosques enteros de varias especies de encinos.

Bosques nublados/bosques mesófilos de montaña: Son bosques raros, puesto que ocupan menos del 1% del territorio nacional. Las especies de sus árboles pueden variar, aunque se caracterizan por estar en zonas sumamente húmedas, templadas y con lluvias frecuentes, con abundantes helechos y plantas trepadoras, son bosques con alta riqueza de especies. Suelen establecerse en sitios con pendientes pronunciadas y la mayor parte del año están cubiertos por nubes.

Matorrales: Ocupan casi el 30% del territorio nacional y se pueden subdividir en muchos tipos, dependiendo de las especies que los conformen. Son comunidades vegetales que, en promedio, miden menos de 4 metros de altura, como nopales u otros cactus, mezquites, agaves, todas sus combinaciones, ¡y más! De hecho, aunque se localizan en zonas secas con pocas lluvias, y tengan una tendencia a la desertificación, las agrupaciones vegetales de los matorrales mexicanos son las más diversas dentro de las comunidades vegetales.

Pastizales: Están sobre menos del 6% del territorio nacional y se caracterizan por tener pocos árboles, pero como su nombre lo indica, muchos pastos. Se encuentran en regiones semiáridas y climas frescos. Generalmente se establecen en valles o planicies donde forman grandes praderas con amplias extensiones, mientras que otros tienen una distribución más restringida, como los pastizales de montaña.

Selvas secas: También llamados bosques secos, estos ecosistemas abarcan una porción de un poco más del 8% del territorio nacional. Se caracterizan por definir su forma de vida de manera estacional. Se pueden encontrar en regiones calurosas con poca lluvia (de ahí su nombre) y en donde la temporada de lluvias está bien delimitada de la temporada seca. Durante esta última, los árboles tiran todas sus hojas por meses y vuelven a rebrotar hasta que comiencen de nuevo las lluvias. Las hay de muchos tipos, bajas, medianas y espinosas. En México, se han encontrado sitios importantes para su conservación en las costas del pacífico

Selvas lluviosas/húmedas: Estas imponentes selvas se extienden por poco menos del 7% del territorio nacional  y su característica más importante es que están donde siempre está lloviendo y mucho, por lo que siempre conservan sus hojas, por esto, también son conocidas como selvas siempre verdes. Se distribuyen en climas cálidos, sus árboles pueden medir más de treinta metros de altura y poseen la mayor riqueza de especies de todos los ecosistemas. En México las podemos encontrar por secciones del golfo y por el sureste del país.

Manglares: Los manglares se distribuyen por las costas de nuestro país y se sitúan siempre en aguas salinas en forma de humedales que separan al mar de la tierra y sus cuerpos de agua. Aunque abarquen menos del 1% de la superficie del país, México es uno de los países con mayor extensión de manglares del mundo. Los manglares se componen de especies llamadas mangles y en México existen cuatro especies predominantes: el mangle rojo, el mangle blanco, el mangle negro y el mangle botoncillo.

En todos y cada uno de estos ecosistemas hay actividades humanas. En México realmente no hay sitios que no hayan sido alcanzados por la mano de nuestra especie. Sin embargo, hay gradientes de modificación y degradación, y si haces las cuentas, verás que todos los ecosistemas no suman el 100% de la superficie de nuestro país, ¿y qué sucede con los espacios vacíos?

Bueno, pues esos los llenamos nosotros. Con nuestras ciudades y todas las actividades que realizamos, como la agricultura, nuestras granjas y demás. Lo que observas no significa que no se lleven estas actividades dentro de los ecosistemas, si no que todo eso ha sido tan modificado que no puede ser considerado como un ecosistema “natural”.

Ahora queda preguntarnos cómo conservamos lo que queda y cómo le hacemos para que las personas que viven dentro de estos ecosistemas tengan vidas prósperas sin acabar con sus recursos. Porque, claro, todos los ecosistemas en México albergan personas y todos tienen dueño, ¿sabías? Bueno, eso sí es otra historia.

Wild Ambience: El arte de aprender a escuchar la naturaleza

“Cada forma de comunicación posee sus ventajas, pero lo que encuentro en el sonido que no logré encontrar en otros medios, como la fotografía, es que éste tiene una habilidad única para capturar el sentimiento de una locación”.

Es media noche en el Parque Nacional de Bukit Lambir, Malasia, y las aproximadamente 1200 especies de árboles que ahí se encuentran son hábitat de insectos y anfibios que si bien difícilmente podrán ser vistos tanto en la obscuridad de la noche como a la luz del alba, sus cantos, melodías y redobles pueden escucharse y sentirse vívidamente durante el transcurso del día.

Caminando en el sotobosque, abriéndose paso entre la exuberante vegetación, vemos a Marc Anderson cargando una serie de aparatos que parecieran estar atados a su cuerpo. Habiendo recorrido ya un gran tramo de esta selva lluviosa, Marc se detiene y escoge el sitio exacto donde instalará su equipo. Coloca un par de micrófonos y una grabadora de tal manera que, como él explica, intenta “capturar el paisaje sonoro como un todo y, de esta manera, reflejar la experiencia natural de escuchar lo que percibimos a través de nuestros oídos”.

En tiempos contemporáneos, donde el lenguaje visual y la saturación de imágenes parecieran ser el epítome de la comunicación, la única manera de poder llamar nuestra atención, los sonidos son una alternativa de comunicación que no sólo ofrecen nuevas “visiones” para satisfacer nuestro espíritu, sino también nuevas formas de relacionarnos con la naturaleza. Curiosamente, Marc comenta que antes de empezar lo que sería “Wild Ambience”, un proyecto creado por él, destinado a la grabación sonora de distintos paisajes del planeta, él mismo estaba inclinado hacia el componente visual de la naturaleza. Continuamente visitaba algún ecosistema de Australia -país de donde es oriundo- para tomar fotografías de la naturaleza, sin embargo, el componente auditivo de ésta era uno de los aspectos que más le llamaban la atención al momento de buscar el encuadre ideal. Atrapado por “la sinfonía de la naturaleza”, Marc comenzó a generar una sensibilidad genuina por el paisajismo sonoro, y fue así como creó Wild Ambience, emprendiendo distintos viajes por varias zonas de Australia, Asia y África para crear una biblioteca que, hasta la fecha, alberga más de 32 álbumes de ecosistemas tan diversos como cautivadores.

Entramos a su página de Soundcloud e inmediatamente leemos lo siguiente: “Wild Ambience es una colección de grabaciones puras de la naturaleza, capturando la belleza de paisajes salvajes alrededor del mundo”. Estas grabaciones se concentran en locaciones específicas con el objetivo de preservar los paisajes sonoros únicos de estos hábitats en peligro”. Ahí, encontramos más de 100 grabaciones y una que sobrepasa las 300 000 reproducciones. En una plataforma como Soundcloud, destinada a compartir “música” y canciones creadas por compositores.l trabajo de Marc levanta la mano y, como buena excepción, habla por sí mismo. Un claro ejemplo de ello es esta grabación, titulada “Dusk by the Frog Pond”. Como el nombre lo dice, la pieza nos traslada a un estanque rebosante de ranas a mitad de la noche en la selva lluviosa de Borneo, una de las zonas con más intensidad biológica de todo el planeta. ¿En qué radica el éxito de esta grabación? ¿Por qué ha llegado a esta sorprendente cantidad de reproducciones? Lo que escuchamos aquí es mucho más que el simple agregado del cantar de las ranas, del vibrar de los insectos y cantar de los mamíferos nocturnos. Más allá de escuchar las especies por separado, escuchamos el paisaje sonoro en toda su complejidad, que de la manera más intensa posible, evoca en nosotros no sólo imágenes sobre aquel ecosistema, sino también sentimientos que son muy distintos a los que podría generarnos una fotografía o un video, y tan profundos que pueden tener un impacto positivo en nuestra relación con la naturaleza.

Es evidente que, a pesar de ser una alternativa de comunicación poco utilizada, el sonido es un componente esencial para el ser humano. Estudios neurológicos han demostrado que cuando vivimos alguna experiencia, los sonidos, antes que las imágenes, son las primeras sensaciones que procesa nuestro cerebro. Esto es debido a que el sistema de circuitos dedicado a transferir información auditiva en nuestro cerebro es más corto que aquel dedicado a transferir información visual. De esta forma, lo que escuchamos viaja distancias menores en comparación con lo que vemos. Es así como el sonido es la primera sensación que se instaura en nuestras mentes y, así, colorea e influye en las demás sensaciones que llegan justo después.

Marc explica que “cada forma de comunicación posee sus ventajas”, pero lo que él encuentra en el sonido que no logró encontrar en la fotografía es que éste tiene una habilidad única de “capturar el sentimiento de una locación”. Contrario a una fotografía o video, el sonido es mucho más abstracto y demanda mayor atención por parte del espectador, una forma de comunicación diferente. Es a través de estas diferencias, que Wild Ambience se ha inclinado por sensibilizar al público con sonidos que puedan generar conciencia sobre la belleza auditiva de los paisajes del planeta.

Aprovechando su paso por Malasia, Marc decidió grabar un sitio altamente amenazado por las plantaciones de palmas para la elaboración de aceite. A partir de esta idea, nació “Bosque lluvioso en el borde”, un álbum de descarga gratuita que fue presentado en varias escuelas de la región como herramienta de comunicación sobre esta problemática ambiental de intereses globales. Explorar el potencial del paisajismo sonoro para la concientización de las problemáticas ambientales se ha vuelto el quehacer artístico y educativo de Marc y de un conjunto de personas que, hasta la fecha, han tenido poco espacio dentro del mundo de la educación ambiental.

La captación de los sonidos producidos por la naturaleza y la apreciación del público hacia ellos es una experiencia novedosa para muchos de nosotros. Basta con escuchar un par de segundos para trasladarnos a los más diversos paisajes e inspirarnos con el sinfín de melodías, cantos, ruidos, tamborileos y vibraciones que nuestro planeta tiene para ofrecernos. Para nada resulta sencillo ponerles atención, y es que nuestra sociedad y el entretenimiento de hoy en día se mueve con mucha mayor fluidez en las imágenes. Marc está consciente de ello y por esta misma razón ama lo que hace. Él está convencido que el audio puede tener el mismo peso que la imagen. Es diferente y, por ello, atractivo. Quien no está convencido que la sonoridad de un paisaje puede reivindicar su relación con la naturaleza, es bienvenido a descubrir no sólo las decenas de grabaciones que este artista tiene por ofrecernos, sino también adentrarse en la intimidad expuesta de cualquier ecosistema y dentro de él, cerrar los ojos, concentrarse y escuchar lo infravalorado y grandiosamente indescriptible.